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domingo, 25 de febrero de 2018

El rincón del escritor: Mabel Díaz nos presenta Tres te odio y un te quiero

La vida de Natalia es idílica. Tiene una relación con el hombre que ama, un trabajo que le apasiona y se acaba de mudar a la casa de sus sueños. Todo es perfecto… hasta que conoce a su vecino Rubén, un perroflauta que odia a las Barbies como ella. Desde el primer momento en que sus caminos se cruzan, se declaran la guerra, llegando a convertirse en expertos en sacarse de quicio. Sin embargo, cuantas más ganas de pelea tienen, mayor es su atracción y su deseo. Dicen que del odio al amor sólo hay un paso y ellos son enemigos declarados… ¿O no?











Ficha del libro




Los personajes nos hablan de la novela:



¡Hola! Soy Rubén y trabajo de fisioterapeuta en un centro especial para niños con Parálisis Cerebral. Aunque nací en Burgos, vivo en Leganés (Madrid) desde hace varios años. Mi vida era maravillosa hasta que se mudó al chalet de al lado una Barbie llamada Natalia. Desde entonces, esa diva no me deja en paz. Si pongo la música alta, viene a mi casa a quejarse. Si hago una barbacoa con los amigos en el jardín, dice que su espacio se llena de humo y del olor a morcilla, chorizo y panceta. ¡Qué tía más plasta! Y encima tengo que aguantar sus insultos y sus miradas desdeñosas. Me llama perroflauta, vagabundo y pordiosero. ¿Será posible? Así que pienso devolverle todos y cada uno de sus desprecios. Esa no sabe quién soy yo. Conseguiré sacarla de quicio hasta tal punto, que tendrá que marcharse a vivir a otra parte. ¡Lo juro!

***

¡Hola amigas! Soy Natalia y mi vida es perfecta. Todo me va estupendamente. Trabajo de periodista en Zero, tengo una relación con el hombre del que estoy enamoradísima y acabo de mudarme a un chalet en Leganés (Madrid) que es precioso. La casa está muy bien amueblada y tiene un patio divino para tomar el sol. Lo único malo es mi vecino de al lado, Rubén, un perroflauta que no respeta las horas de descanso de la gente, pone la música a tope, hace fiestas en su jardín, alterando mi paz y mi tranquilidad. ¡Le odio! Estoy segura de que es un maldito okupa porque dudo mucho que alguien como él, pueda permitirse vivir en una casa como esa. Y tiene una rasta que le cuelga desde la nuca hasta la mitad de la espalda, ¡que da grima! Así que me he propuesto echarle de allí. Voy a hacerle la vida tan imposible, que acabará largándose a otro sitio. Ya lo veréis.

Una escena que abra el apetito:

Cuando Natalia posó sus dedos sobre el teclado, escuchó música en el chalet de al lado. Frunció el ceño y miró molesta hacia la valla que separaba su jardín del vecino.
Irritada porque habían roto su paz y tranquilidad, aporreó las teclas del portátil deseando que en lugar de éstas, fuera la cabeza del que estaba cantando. Ella necesitaba silencio para trabajar y tener al vecino berreando, la sacaba de sus casillas.
            Dejó el ordenador a un lado, en la tumbona donde tomaba el sol mientras trabajaba, y se levantó para ver el otro jardín. Allí estaba el okupa, con sus horribles pantalones hippies y su rasta hasta media espalda. Iba sin camiseta y Natalia pudo observar todos los tatuajes que decoraban su piel.
—¿Quieres hacer el favor de bajar la música?—soltó de malos modos—Estoy trabajando y me molesta.
Rubén se volvió hacia la voz que le hablaba y miró a Natalia con la burla reflejada en sus iris verdes.
            —¿Trabajando así?—Se refirió al bikini con un gesto de la mano—Nunca me imaginé que el modelito de Barbie obrera consistiera en tres minúsculas piezas de tela.
            —Yo trabajo vestida como me da la gana.—contestó Natalia molesta—¡Pero qué vas a saber tú, si no eres más que un perroflauta, que hace de  malabarista y payaso en un circo! ¡Y ponte una camiseta! ¿O es que no te pagan lo suficiente para comprártelas?
            Rubén bufó y replicó justo en el momento que Natalia cogía su portátil rosa de Apple y se sentaba otra vez en la tumbona con el ordenador sobre el regazo.
            —Mira, Barbie del extrarradio, en mi casa haré lo que me dé la gana. Por suerte, yo todavía estoy de vacaciones. Si te jode que tú hayas vuelto a currar, es tu problema. ¿Por qué no te vas de tiendas un rato y fundes la Visa? A ver si así se te pasa el mal humor.
            Dicho esto, Rubén dio media vuelta y se metió en su casa, dejando a Natalia boquiabierta por la contestación que le había dado.
—¡Te odio!—gritó ella enfurecida.





Desde LecturAdictiva damos las gracias Mabel Díaz a por la presentación.

domingo, 18 de febrero de 2018

El rincón del escritor: Bela Marbel nos presenta Te tengo en mi piel

Buenos días, LecturAdictiva, es un placer para mí compartir este ratito con vosotras y vuestros lectores. Os dejo un trocito de mi corazón, han sido cuatro años viviendo con estos personajes, de una forma tan intensa que llegan a formar parte de tu vida. Seguro que otros escritores os lo han dicho antes, pero es que es verdad. A mí personalmente, me cuesta mucho dejarlos ir, y además soy egoísta y también me cuesta compartirlos, tengo miedo por si no los queréis tanto como yo, o por si no les dais el cariño que quiero para ellos, ya ves, rarezas del arte, jajaja. Que bien que siempre tengamos esa excusa para nuestras locuras. Ellos mismos os van a contar cómo se sienten, pero tendréis que leer la novela para amarlos u odiarlos, a ellos, o a sus actos.

Sinopsis:
«Yo no era yo, apenas era un reflejo de lo que me rodeaba.
Quería lo que no amaba, amaba lo que detestaba. Tenía miedo.
Escogí el camino equivocado y todos sufrimos por ello. La vida me dio una segunda oportunidad y la arrojé a la basura. Mi alma se deshizo en sangre.
Merezco el dolor, lo acojo.
Siempre he ido por la vida haciendo mi voluntad, nada me importa más que ser feliz día a día.
Pero ella fue capaz de volverme loco, de dar la vuelta a mis principios y mover mis cimientos.
Fui un insensato jugando a ser héroe, la puse en peligro, provoqué a los demonios, y me moví al límite de lo prohibido. No acepto el dolor, lo combato».

Dos fuerzas contrarias se desatan en el pequeño pueblo de Wellstone, chocando entre sí apoyadas por la ira y la costumbre.
Candy no está preparada para luchar.
Byron nació con los puños en alto.

Se desean.
Se aman.
Se hieren.
El destino está jugando con ellos y solo pueden apostar y descubrir sus cartas... O no.

Ficha del libro






Los personajes nos hablan de la novela:

Byron, ese soy yo, o Spirit tal como me apodaron mis mayores, recientemente me he cambiado el apellido, ahora soy, Byron Savage. La culpa la tiene ella, de este modo la recuerdo y soy capaz de sentir que sigue a mi lado. Si fuera capaz de verse a sí misma como la veo yo… si por una vez en la vida, yo, pudiera controlarme y actuar con frialdad, si hubiese hecho caso a los consejos de los demás, quizá se podría haber evitado este puto desastre. Pero no, nada de eso ha pasado. La rubia pija y descarada, la princesa pálida, se ha apoderado de mi alma sin pedir permiso, y ahora, no tengo otra alternativa que la lucha descarnada. Así están las cosas; la quiero y la voy a tener, y si su familia me pega un tiro mientras tanto, qué le vamos a hacer. Adoraré sus curvas, sus labios rojos y tentadores, su cabello como el sol, sus inseguridades y su fuerza, su curiosidad y su miedo, todas y cada una de sus contradicciones, la amaré y asumiré las consecuencias. Me pone tanto cuando habla como las señoritas… Candance Shaw será mía, mi mujer.

***

Candance Shaw
Princesa Pálida, el muy… zoquete, cómo puede decirme eso, es que no sabe lo que siento cada vez que lo veo. El pánico se apodera de mí, me siento como si tuviera diez años y un lobo me acechara en la oscuridad, me mira con esos ojos negros cargados de… lujuria y me siento desfallecer. El corazón se me acelera y creo se me va a salir del pecho dejándome con la boca abierta, y tratando de llevar aire a mis pulmones. ¿Que si le deseo? No sé lo que es eso, solo sé que mi padre nos va a matar, él odia a los comanches, y yo también, por supuesto, soy una Shaw de la cabeza a los pies. Candy, me llamo Candy, soy rubia, voluptuosa, no muy inteligente y bastante cobarde, he nacido para casarme con un ranger o alguien así, alguien de quién mi padre, el gran Jack, pueda sentirse orgulloso, eso casi pasa… pero no, el intratable salvaje tuvo que poner sus manos sobre mí, y ya nada volverá a ser como antes.

Una escena que abra el apetito:

—No me voy a ensuciar las manos con tu repulsiva sangre. Será cuando menos te lo esperes. Vas a pagar por esto —le amenazó Candy mientras le mordía el lóbulo de la oreja.
—Lo sé, princesa, créeme. Lo sé. —Se introdujo en ella con fuerza, haciéndola temblar y estremecerse entre sus brazos. Él continuó empujando y ella suspiró, casi gritando de placer. No sabía que se podía sentir algo así, un deseo tan fuerte que doliera y un dolor que proporcionara tanto placer.
—Di mi nombre —exigió él.

—¡Salvaje! 

Agradecimientos

Solo me queda, agradeceros el gran trabajo que hacéis, y lo mucho que os implicáis con nuestro trabajo en los blogs.  Y por supuesto, enviar un beso y un abrazo enormes, a vuestros seguidores. 
A los que leáis la entrada, me gustaría pediros una cosa, ¿sí? ¿Me dejáis? 
Decid en una palabra lo que habéis sentido o pensado al leer lo han dicho Byron y Candy.
Empiezo yo; Añoranza… (ya os dije que los echaba de menos)




Desde LecturAdictiva damos las gracias a Bela Marbel por la presentación.

domingo, 11 de febrero de 2018

El rincón del escritor: Amber lake nos presenta Hechizo de sirena

Un saludo a los lectores del blog Lectura Adictiva, a cuyas administradoras agradezco que me hayan cedido este espacio para presentar Hechizo de sirena, mi nueva novela. Hechizo de sirena es el segundo volumen de la serie Hermanos Rawson, que se inició con Estrategias del destino, y se centra en la historia de Gregory, el hermano pequeño de Julian Rawson. Si habéis leído el primer libro de la serie ya conoceréis a Gregory; para quien no lo haya leído se encontrará con un atractivo y simpático libertino, que tiene una profesión muy peligrosa, y con Adele, la tímida solterona que logra conquistar el corazón del soltero más codiciado de Londres.  
Esta es una historia que llevo mucho tiempo queriendo que conozcáis y que, gracias a Ediciones Kiwi, verá al fin la luz. Y tengo tantas ganas de que se publique porque sé que es un libro muy esperado por muchas lectoras, que llevan años pidiéndomelo.


Os dejo un breve resumen de la novela, que transcurre en Inglaterra durante el año 1823.



Sinopsis:
Gregory Rawson, tras cinco años al servicio de la Corona británica, decide abandonar para dedicarse a su negocio naviero. Antes de aceptar su dimisión le piden que realice un último trabajo: investigar a Nathan Sawford, un amigo de la infancia del que se sospecha que colabora con una red de espías que vende información al gobierno turco, potencial enemigo del Reino Unido en el conflicto surgido a raíz de la independencia griega. 
Adele Catesby es una solterona poco agraciada que se encuentra en Londres visitando a su hermana Celeste, esposa de Nathan. Una noche en la que se celebra un baile en casa de los Sawford, Gregory la escucha cantar y se siente cautivado por su prodigiosa voz. Desde ese momento, no puede apartarla de su mente e intenta desvelar su identidad. Cuando descubre que es la cuñada de la persona que tiene bajo vigilancia, comienza una lenta seducción a la que Adele no puede resistirse a pesar de la desconfianza que le provoca su merecida fama de libertino. 

Pero un grave peligro se cierne sobre Gregory. El cabecilla de la red de espías, al que solo se le conoce con el apodo de Hood, está dispuesto a todo para obtener la información que desea, y Adele se ve envuelta en aquella oscura intriga que pone en riesgo su propia vida.

Ficha del libro






Los personajes nos hablan de la novela:

Gregory: Si me permitís, en primer lugar quiero hacer una rectificación a la autora, que me describe como «atractivo y simpático libertino». Nada que objetar a lo de atractivo y simpático, pero ¿libertino? Ella sabe bien que es solo una fachada que enmascara mi verdadera personalidad y que me beneficia por el momento. El trabajo de espía no es el idóneo para un esposo y padre de familia, de ahí que nunca me haya planteado casarme… hasta ahora. Sí, lo reconozco, estoy replanteándome esa decisión porque, como Ulises, he sido hechizado por el canto de una sirena; aunque, a diferencia de él, no hay cuerdas que me sujeten ni tampoco las deseo. Pero no es solo la prodigiosa voz de Adele lo que me subyuga; es ella, su franqueza, su sensatez, su entusiasmo, hasta su delgada y grácil figura; por no hablar de esos labios tentadores o del brillo inteligente de sus oscuras pupilas. El problema es que desconfía de mí, algo lógico si tenemos en cuenta la fama que me adjudican. Sin embargo, no desistiré. Tengo que convencerla de la sinceridad de mis sentimientos.


***


Adele: Poco puedo contaros. Hasta ahora, mi vida era bastante aburrida pero tranquila, en mi aldea, cantando en el coro de la iglesia, donde mi padre es vicario, cuidando de él y ayudándole con sus sermones y en la pequeña clínica en la que atiende a los vecinos… En fin, lo típico en una solterona que, con 26 años, se ha resignado a vivir sin amor o, al menos, sin marido. Todo ello se ha trastocado desde que conocí a Gregory. Él me provoca unas emociones tan potentes y maravillosas que me perturban, aunque debo desconfiar de sus intenciones y no dejarme engañar. ¿Cómo va a estar interesado en una mujer como yo, una pueblerina insulsa y carente de belleza cuando tiene a tantas damas hermosas y sofisticadas suspirando por una mirada de sus increíbles ojos ambarinos? 


***

Frances: Al igual que con mi hijo mayor, me veo obligada a defender a Gregory. Yo también pienso que esa fama de libertino es totalmente inmerecida. Él ama a las mujeres y las respeta en igual medida, no tiene la culpa de que su atractivo las atraiga como la miel a las abejas. Pero lo cierto es que me gustaría que encontrase una mujer que le haga desear cambiar esa vida tan turbulenta que lleva y se decida a formar una familia. Después de ver a Julian tan feliz con Claire, quiero que Gregory tenga la misma suerte.   


***

Julian: Por alusiones, me veo obligado a intervenir. Querida madre, lo mío, más que suerte, fue el resultado de mi natural encanto; porque, aunque Gregory insiste en que no sé tratar a las mujeres, es él quien está demostrando que carece de esa habilidad. Tal vez necesite que su hermano mayor le eche una mano, al igual que he venido haciendo desde que nació. Lo que no me explico es cómo, un adicto a las mujeres hermosas y casadas, se siente atraído por una que no posee ninguna de esas cualidades. ¿Será cierto que lo ha hechizado? 

Una escena que abra el apetito:

Y finalizo esta presentación con unas líneas del libro para que os vayáis poniendo en situación y os animéis a leerlo. Estoy convencida de que vais a disfrutar mucho con las aventuras de Gregory, Adele y el resto de los Rawson.

Adele levantó la cabeza al verlo y lo miró con sus ojos castaños llenos de entusiasmo.
—Esto es asombroso, lord Rawson. Nunca pensé que hubiese lugares tan interesantes como los que aquí se describen. Le envidio por haber tenido la suerte de recorrerlos —dijo, al tiempo que le enseñaba el libro abierto por una de las páginas.
—No crea que todo fue tan bonito como está relatado. He omitido la peor parte: las picaduras de insectos, el frío y la suciedad, el hambre a veces, el peligro de las fieras y los nativos salvajes… ¿Sabe que estuve a punto de ser comido por una tribu a la que le entusiasman los ingleses a la parrilla? Me salvé de puro milagro, aunque no sin que antes dejaran sus marcas sobre mí —explicó Gregory con humor.
Lo cierto era que en los cuadernos había omitido más de lo que contaba. El que Adele tenía en sus manos se refería a una travesía por el delta del río Amazonas para entrevistarse con los cabecillas de los independentistas brasileños. Recordaba las penurias de la aventura, que por suerte acabó en un satisfactorio resultado. En dicha reunión se aseguró la promesa, por parte del gobierno revolucionario, del suministro de madera a la Corona británica durante varios años y de que la industria inglesa se convirtiera en el proveedor principal de artículos manufacturados del nuevo país.
Adele rió ante el cómico rostro de Gregory.
—¿No me cree? Se las enseñaré y comprobará que no exagero ni un ápice —continuó él con fingido enojo, y comenzó a quitarse la levita.
—No será necesario, lord Rawson. Creeré en su palabra —le aseguró entre risas.
Gregory miró el sonriente rostro y le pareció el más cautivador que había contemplado en su vida. Algo en su interior vibró y se acercó a ella, impelido por una fuerza que no pudo contener.
—Gregory, por favor —dijo él.
—¿Cómo dice? —preguntó perpleja.
—Me gustaría que me llamases por mi nombre. Ya somos viejos conocidos, Adele, ¿no crees que deberíamos dejarnos de formalismos? —pidió con voz grave mientras le quitaba el cuaderno de las manos. Se moría por oír pronunciar su nombre con aquella musical voz.
—No… no creo que sea adecuado, milord.
Adele sintió que se acaloraba con aquella proximidad. De pronto, tuvo conciencia de la intimidad que ofrecía la reducida cámara y de la envergadura del hombre que tenía delante. Ella era alta para ser una mujer, aunque él le sacaba una cabeza.
Su elevada estatura era otra de sus desventajas a la hora de encontrar marido. Según Ophelia, a los hombres les gustaban las mujeres menudas y de generosas formas, no un chopo larguirucho y huesudo como ella. Y tenía razón, ¿quién iba a preferir una escoba con faldas teniendo a mano a una ninfa como Celeste? Eso fue lo que debió pensar Nathan.
Gregory se acercó más y le levantó la barbilla con los dedos para admirar su ruborizado rostro. Le gustaban las mujeres que podían mirarlo a los ojos sin necesidad de que ambos padeciesen dolores de nuca durante horas. Su sirena era perfecta para él, no cabía duda.
—Al contrario, me parece de lo más adecuado. Creo que nada podría ser más adecuado que oír de tus labios el nombre que mis padres me otorgaron al nacer —dijo él en un encendido susurro.
Adele se sentía prendida de aquellos ambarinos ojos que emitían un brillo cegador. ¿Cómo era posible que tuviese tal influencia sobre ella, hasta el punto de anular su voluntad? No debía ceder a sus caprichos, se repitió. Ella no era una joven e inocente damisela que perdía la razón por el primer caballero que le decía un requiebro. Ella no…

—Gregory —se oyó pronunciar, sin que su voluntad hubiese tenido la posibilidad de oponerse.



Desde LecturAdictiva damos las gracias Amber Lake a por la presentación.



domingo, 4 de febrero de 2018

El rincón del escritor: Laura Maqueda nos presenta En camas separadas

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…

En realidad no hace tanto tiempo y además Héctor y Mia comparten el mismo planeta que el resto de nosotros, los mortales, pero su historia es tan especial que merece la pena ser contada. ¿Alguna vez os habéis enamorado de vuestro mejor amigo? ¿Creéis que la amistad entre un hombre y una mujer es posible? A veces los flechazos existen y en el caso de Mia y Héctor, ellos necesitaron más. ¿Preparados para descubrir su historia?

Sinopsis:

Primera regla de la amistad: no enamorarte jamás de tu mejor amigo.

Héctor y Mia han sido amigos desde mucho antes de lo que les alcanza la memoria. Acostumbrados a pasar juntos todo su tiempo libre, han compartido bromas, primeras veces, desengaños… Y han sido precisamente sus rarezas las que los han mantenido como un frente unido.

Sin embargo, la vida los obliga a tomar caminos separados, y ahora Mia, en Madrid, y Héctor, en Japón, deberán aprender a vivir el uno sin el otro sabiendo que es probable que no vuelvan a verse.

Pasan los años y Mia, con la sensación de que le falta la mitad de sí misma, se centra en su trabajo mientras fantasea con su guapísimo jefe, convencida de que ella podría ser la mujer de su vida. Pero lo último que Mia se imagina que ocurra es que su mejor amigo regrese.

A su vuelta del extranjero, Héctor hará que su mejor amiga se plantee qué es lo que realmente espera de la vida. Además pondrá su rutina patas arriba al irse a convivir con Mia al pequeño apartamento de esta, lo que no será cosa fácil, porque… los amigos duermen en camas separadas…, ¿verdad?

Ficha del libro



Los personajes nos hablan de la novela:

Bueno, pues supongo que ha llegado el momento de presentarse, así que… ¡Allá vamos! Mi nombre es Mia, me acerco peligrosamente a la treintena y mi vida se convirtió en una sucesión de desastres desde que mi mejor amigo se marchó a Japón. En cambio yo me quedé aquí, en Madrid, trabajando en una pequeña editorial que pronto fue absorbida por un pez gordo. Podría contaros que mi vida es maravillosa, que vivo colada por mi guapísimo jefe y que sueño con que nuestra relación se convierta en algo más que simple trabajo, pero mentiría si os dijera que me siento completa. Echo muchísimo de menos a mi amigo Héctor, su sonrisa, sus consejos, sus ojos azules que siempre me han cautivado, su forma de ver el mundo, cómo siempre lleva el pelo despeinado, lo friki que es… ¡Si hasta llevo el pelo rojo por él! Héctor ha sido siempre la única constante en mi vida y, bueno… La verdad es que me colgué de él cuando era una adolescente. ¡No se lo digáis, por favor! Él no debe enterarse nunca. 
Ojalá vuelva pronto. Cada vez que miro mi muñeca y veo el tatuaje, el mismo que él también tiene y que nos hicimos cuando teníamos 17 años, me acuerdo de lo importante que es Héctor para mí. Me acuerdo de cómo me miraba, de cómo me abrazaba cuando dormíamos juntos… Ojalá vuelva pronto, chicas. Lo echo tanto de menos… ¿Creéis que debería llamarlo? Héctor es un chico muy especial para mí y últimamente no hago más que pensar en él. ¿Pensáis que es un error?



***


¡Hola a todas! Me llamo Héctor, y bueno… La verdad es que soy un poco tímido, así que no sabéis cuánto agradezco que esta entrevista sea escrita. ¡No me malinterpretéis, lectoras! La verdad es que me muero de ganas de conoceros y en cuanto me suelte un poco, estoy seguro de que acabaré rendido ante vuestros pies. 
¿Queréis saber un poco más sobre mí? La verdad es que acabo de aterrizar en Madrid después de haberme pasado los últimos cinco años viviendo en Tokio. ¿Que qué hacía allí? Cagarla mucho, sobre todo. La verdad es que mi aventura japonesa no resultó ser lo que yo esperaba. Pero bueno, así están las cosas. He vuelto a casa, estoy cargado de maletas y me muero de ganas de ver a Mia. Ella es la mujer de mi vida, y lo digo completamente en serio. La conozco desde que los dos no éramos más que un par de cigotos, ha estado presente en cada momento importante de mi vida y ahora vuelvo a ella. No sabéis cuánto la he echado de menos. Necesito sus sermones, su mirada cálida y almendrada, su sonrisa sincera, sus abrazos… ¡Hasta los mordiscos que me da en las orejas cada vez que suelto un taco!
Hace unos años, cuando nos despedíamos en el aeropuerto, supe que algún día Mia y yo acabaríamos juntos. Tal vez ese momento haya llegado. ¡La verdad es que estoy acojonado! Pero no me imagino pasando la vida sin ella. ¿Creéis que tengo posibilidades? Me asusta muchísimo cagarla con ella, pero no puedo perderla. Si le pongo mi cara de niño bueno, ¿aceptará salir conmigo? Uff, ahora os necesito más que nunca, chicas. ¿Me acompañáis?



Una escena que abra el apetito:

Héctor apenas había cambiado desde la última vez que se vieron. Aunque ahora el color de su pelo se había oscurecido varios tonos, seguía manteniendo el aspecto de un chico rubio y blanquito, y pedía a gritos que se peinara. Y… ¿eran imaginaciones suyas o estaba algo más alto? A pesar de estar medio recostado, se le veía enorme allí en su sofá. Vestía unos vaqueros oscuros y desgastados con un roto en la rodilla y una camiseta blanca sobre la que se había colocado una camisa a cuadros, abierta en el pecho. Mia se fijó en las pulseras —algunas de cuero— y anillos que adornaban sus muñecas y dedos.
Cada vez que Héctor la miraba, Mia sentía un remolino de emociones, todas ellas contradictorias: por un lado reconocía en él aquella mirada inocente tan suya, esa que lo hacía parecer tan real, tan humano, esa que a ella le había robado el aliento más de una vez. Sin embargo por otro lado… Bueno, Héctor era un hombre, bastaba con mirarlo. Daba la impresión de que sabía exactamente de dónde venía, qué había hecho y qué quería hacer con su vida. Mia lo conocía bien, y sabía que todo aquello era cierto, solo que necesitaba una mejor suerte. […]
—¿Cuánto tiempo vas a quedarte?
Tras dejar el plato sobre la minúscula mesita repleta de papeles, Héctor volvió a acomodarse, girándose para quedar de frente a ella. Mia había recogido sus piernas en el sofá y movía los dedos de los pies de manera distraída. Él se fijó en sus uñas, pintadas del mismo color que su pelo, y al levantar la vista, el corazón de Héctor se detuvo al reparar en el brillo de esperanza que encontró en su mirada.
—No voy a marcharme otra vez —la tranquilizó—. He decidido que es hora de volver a casa e intentarlo por mis propios medios.
—¿Lo dices en serio? —Héctor solo tuvo tiempo de asentir antes de que Mia volviera a echársele encima—. No sabes cómo te lo agradezco. Mi vida ha sido un desastre sin ti.
Héctor rompió a reír a carcajadas mientras ella seguía con la cabeza pegada a su pecho. Entre ellos todo había sido siempre fácil, fluido, y eso no podía cambiarlo ni siquiera el tiempo que habían pasado separados.
—Tú eres un desastre sin mí —corrigió él—. Creo que es hora de que formalicemos lo nuestro.
Mia apoyó una mano en su pecho para incorporarse y se sorprendió de la dureza de sus abdominales. ¿No se suponía que Héctor era un chico flacucho? ¡Las sorpresas que se llevaba una!
—¿Te refieres a casarnos y todo eso?
Héctor se encogió de hombros.
—¿Por qué no?
—Vale, pero solo si es una boda como la de «Los Simpson» cuando el dependiente de la tienda de cómics casi se casa con la señorita Carapapel por el rito Klingon.
—¿Y adónde iríamos de luna de miel?
—¡A Nueva Zelanda! —exclamó Mia—. A visitar Hobbiton.
Las carcajadas de Héctor resonaron por todo el apartamento.
—¡Eres una friki!
—Dijo el que viene directo de Japón.
Él le sonrió. Un mechón rojo caía sobre los ojos de Mia, y Héctor no dudó en apartárselo para recogerlo tras su oreja. Se apostaba todo su equipaje a que la había hecho temblar cuando bajó la mano y sus dedos rozaron la piel sensible junto al cuello.
Sintiéndose repentinamente incómoda —era la primera vez que le ocurría algo parecido en compañía de Héctor—, Mia interpuso cierta distancia entre ellos, y cuando volvió a estar sentada, hizo todo lo posible por cubrirse las piernas con el bajo de la camiseta.
—¿Qué te ha hecho volver? —preguntó, más por cambiar de tema que por otra cosa, aunque realmente le interesaba saber su respuesta.
Héctor suspiró. De hecho, lo hizo un par de veces, como si estuviera pensándose qué decir.
—No era lo que yo esperaba —terminó confesándole—. He aprendido mucho, he mejorado mi técnica y ahora dibujo como nadie. —Mia lo miró con una ceja alzada; él, al ver su gesto, no pudo evitar sonreír—. Por lo menos en España. Pero el mercado en Japón es muy competitivo y… ¿quién quiere un dibujante de manga cuando allí ellos son los mejores?
—¿Y quieres intentarlo aquí? Porque yo podría ayudarte. A lo mejor en mi editorial les interesa…
—Paso a paso —la interrumpió Héctor—. Esta vez no quiero precipitarme.
Mia asintió varias veces con la cabeza. Al mirar hacia su regazo, se fijó en que una de las manos de Héctor descansaba sobre su pierna y que sus dedos trazaban lánguidos círculos en su rodilla desnuda. La piel se le puso de gallina; si Héctor lo notó o no, Mia no lo supo, pues él no dijo nada y tampoco detuvo su caricia. […]
—Ahora estoy aquí contigo —le aseguró, con voz ronca—. Y si no hay ningún novio que se sienta amenazado por mi presencia, me encantaría quedarme en tu piso. Si no te importa, claro.
Mia puso los ojos en blanco al mismo tiempo que resoplaba. Una gotita de saliva fue a parar directamente a la mancha de kétchup con la que se había pringado antes la camiseta.
—Teniendo en cuenta que hace menos de dos minutos hablábamos de casarnos por el rito Klingon y que vas a invadir mi sofá, es un poco raro que me hagas esa pregunta. —Héctor bajó la mirada; se le formaron arruguitas alrededor de los ojos cuando sonrió—. Mi vida amorosa sigue siendo tan patética como el día que te fuiste —confesó al final.
—Es coña, ¿no? Un pibón como tú… —Y para dar más énfasis a sus palabras, Héctor silbó mientras su mirada azul la recorría desde la cabeza al último dedo del pie—. Me extraña que no haya nadie en tu vida.
Tomándoselo como una broma, Mia le golpeó en el brazo sin fuerza y volvió a sorprenderse de la dureza de los músculos de Héctor.
—Muy gracioso, sí, señor. Pues no hay nadie —le aseguró—. Ya lo siento por ti, en serio. Estás condenado a soportarme el resto de tu vida.
Él le sonrió.
—Llevaré mi castigo con la cabeza bien alta, te lo aseguro.

[…] Era curioso pensar que a pesar de llevar años separados, intercambiando solamente un par de correos electrónicos al mes, estuvieran ahora tumbados juntos en el sofá, compartiendo confidencias como si nada hubiera sucedido, como si el tiempo no hubiera pasado por ellos ni por su amistad.
—¿Va en serio eso de quedarte en mi casa? —preguntó Mia—. ¿Qué pasa con tu abuela?
Héctor le explicó que ahora que Eli acababa de jubilarse había decidido disfrutar de la vida y viajar tanto como pudiera, que pensaba aprovechar cada ocasión que se le presentara para recorrer mundo. Se había marchado a Florida, nada menos, acompañando a una buena amiga, y no se esperaba su regreso hasta dentro de unos meses, según le había dicho. A Héctor no le sorprendería si su abuela acababa instalándose en la costa este de Estados Unidos.
—Así que ahora que he vuelto a España ni siquiera puedo entrar en mi casa —acabó por explicar—. Eres mi única salvación para no dormir en la calle.
—Pues yo tengo un juego de llaves. Ya sabes cómo es Eli de previsora. Si quieres te lo doy y…
—Voy a hacer como si no hubiera oído esa última frase. Sigo siendo un pobre repatriado que va a quedarse una temporada en casa de su amiga. ¿Te mola mi historia?
—Eres un aprovechado. Pero de acuerdo, te acepto como okupa. Con una condición.
Cuando Mia se levantó, Héctor pensó que le pediría que se pusiera de rodillas y comenzara a suplicarle. Y él estaba dispuesto a hacerlo.
—La que sea.
Ella sonrió, coqueta, y cuando se apartó el pelo hacia atrás, Héctor creyó que se le paraba el corazón.
—Necesito tu móvil. El despertador que me regalaste se ha muerto y no puedo llegar tarde al trabajo.
Como si se tratara de un caballero del medievo, Héctor acabó por hincar una rodilla en el suelo mientras agachaba la cabeza y le tendía el teléfono como ofrenda.
—Como desees.
—Más quisieras, Westley —bromeó ella, haciendo referencia a la frase que pronunciaba el protagonista masculino de La princesa prometida—. Una cosa más.
Héctor levantó la cabeza y la miró, divertido.
—Tú dirás.
—¡Te toca dormir en el sofá!




Desde LecturAdictiva damos las gracias Laura Maqueda a por la presentación.

domingo, 28 de enero de 2018

El rincón del escritor: Andrea Muñoz Majarrez nos presenta Corazones rebeldes

En esta recopilación de tres historias de amor, conoceréis a tres heroínas muy especiales. 
En el primer relato, titulado Una voz en la oscuridad, Kate se reencontrará con James, el hombre al que siempre ha amado en secreto, en terribles circunstancias. Él se queda ciego y ella se convertirá en su enfermera, ocultando su identidad en todo momento, por miedo al rechazo. James se enamora de ella, pero en un momento dado, le confirman que hay posibilidad de que se cure, entonces Kate entrará en pánico. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Le rebelará toda la verdad?
En el segundo relato, Un misterioso admirador, conoceremos a Ada, una muchacha que vive en la campiña inglesa y que recibirá las atenciones de un admirador secreto, que le dedica ardientes misivas. Por otro lado, el corazón de Ada ya tiene dueño, el capitán Abbott, un apuesto, aunque algo arisco caballero que supuestamente ya está comprometido. Ada se encuentra entonces ante un misterio por resolver. ¿Quién es ese misterioso admirador?
Por último, en Un inesperado encuentro, conoceremos la historia de Victoria, una joven madrileña que huye de su hogar por culpa de un matrimonio concertado. Se refugia del frío invernal en un conocido café, y allí conocerá a Alejandro, del que se enamorará perdidamente. ¿Podrá tener Victoria un final feliz?



Ficha del libro






Los personajes nos hablan de la novela:

Una voz en la oscuridad

Mi nombre es Kate, y siempre he estado enamorada de James Bennett, desde que llegué a Barton Hall, siendo una niña. Él vive en un mundo diferente al mío, rodeado de hermosas mujeres y riqueza. Me marché a Londres para estudiar enfermería, y así olvidar mi amor no correspondido, pero entonces estalló la Segunda Guerra Mundial, y toda mi vida se detuvo. En el hospital de campaña, me llevé una sorpresa. James Bennet estaba entre los heridos, y el doctor me ha confirmado que se ha quedado ciego. Él no sabe quien soy, ni lo sabrá. Tengo miedo a que me rechace. Y a pesar de pensar que ya le había olvidado, mi corazón sigue latiendo velozmente cada vez que le tengo cerca. Quiero ser su consuelo, su alivio y su compañía.
Esta situación me ha servido para saber más cosas de él, y sin duda, sé con certeza que apenas le conocía. Por ejemplo, no sabía que era tan travieso y pícaro, o que nunca ha conocido el amor verdadero, como me confesó el otro día, cuando le leí un poema de William Wordsworth. Ahora, a pesar de que soy feliz estando a su lado, sigo sintiendo miedo de que algún día él descubra que no soy lo que él cree que soy, y decida abandonarme.


***

Mi nombre es James Bennett, un triunfador, hijo de una familia aristocrática, a quien nunca le ha faltado nada. En mi mundo siempre estoy rodeado de hermosas mujeres y buena compañía, pero la guerra ha cambiado todo. He sufrido las consecuencias de la guerra en mi propio cuerpo. Durante una batalla, un proyectil cayó cerca de mi unidad, y ahora estoy ingresado en un hospital, completamente ciego. Estoy aterrado, y sufro, pero he conocido a una joven enfermera que está apaciguando esta angustia, gracias a su compañía. Sólo sé que se llama Kate y que viene de Sussex, igual que yo, pero no ha querido contarme más. Deduzco por su voz, que debe ser una mujer hermosa y encantadora, y cada día que pasa, anhelo cada vez más su compañía. Me gustan esos momentos que solemos compartir, cuando me lee algún libro o alguna poesía, y el aire se inunda con su hermosa voz. Creo que empiezo a sentir algo que nunca sentí, y es que su voz, que no su silueta, pues no puedo verla, aparece en mi mente cada vez que está lejos, y deseo siempre estar a su lado. Este corazón ahora empieza a latir por ella, aunque aún no se lo he dicho. Me pregunto si ella siente lo mismo que yo.


Un misterioso admirador

Mi nombre es Ada Campbell, tengo 27 años, y estoy a punto de convertirme en una solterona, según ha dicho más de una vez mi madre. Vivo en Cirencester, una hermosa ciudad de Gloucestershire, y me encanta dar largos paseos por el campo con mi perro Dexter. Acabo de conocer al capitán Abbott, veterano de las Guerras Napoleónicas, y aunque me ha parecido un hombre apuesto y con buena planta, que ha hecho que mi corazón lata sin control, al principio noté que a él no le gustaba demasiado. Puede que fuera porque a veces soy un poco torpe y no me guste demasiado seguir las normas de etiqueta. O tal vez, por que a veces soy demasiado sincera. Aunque finalmente hemos resuelto un pequeño malentendido que me hizo pensar que yo no le agradaba, y he comprendido que mi idea era equivocada. De hecho, ahora ha ocurrido algo inevitable, y es que me he enamorado de él perdidamente, y eso es malo, porque tengo entendido que está comprometido con otra. Ahora mismo, estoy invitada en su propiedad, Lindsey Abbey, pues, al fin y al cabo, podemos considerarnos amigos, pero está ocurriendo algo extraño. Estoy empezando a recibir cartas de un admirador, que no quiere rebelar su identidad. Ahora tendré que averiguar de quién se trata. 



***

Mi nombre es George Abbott, capitán de infantería del ejército de su Majestad, veterano de las Guerras Napoleónicas, y propietario de Lindsey Abbey. Hace poco, en una visita que realicé a Cirencester para ver a un viejo amigo, conocí a una dama singular. Se llamaba Ada Campbell. Llegó a casa de mi amigo, el señor Hammersmith, con los bajos del vestido llenos de barro, y acompañada de un amigable perro, con el que hice buenas migas. Aunque me sorprendió su aspecto, enseguida vi que la señorita Campbell era una dama agradable y encantadora, que se puso a hablar conmigo, a pesar de que nadie lo hacía, puesto que mi gesto serio, suele asustar a la gente. Al principio, debido a mi brusquedad a la hora de expresarme, ella creyó que no me cae bien, y desde entonces empezó a evitarme. Conseguí resolver el malentendido y ahora podemos decir que nos llevamos bien. Después de mi marcha, me enteré de que estaba con su hermano pasando unos días en Aston, y mi amigo el señor Weston, que conoce al señor Campbell, hermano de Ada, les ha invitado en mi nombre a Lindsey Abbey. Ella se quedó sorprendida al verme, y noté que parecía estar algo triste, aunque parece haber hecho amistad con mi amiga la señorita Fairfax. Me ocuparé de averiguar qué le ocurre a Ada, pues hay algo que está ocultando. 

Un encuentro inesperado

Estamos en Madrid en el año 1889. Mi nombre es Victoria y en estos momentos estoy huyendo de mi casa. Mis padres han decidido concertarme un matrimonio de conveniencia con un hombre al que jamás he visto. Me siento decepcionada e indignada, porque yo siempre quise casarme por amor. He entrado en un café, porque en Madrid hace mucho frío, y además está empezando a nevar de nuevo. Mi plan era marcharme a París esta misma noche, para poder ser libre, pero ha ocurrido algo inesperado. Un apuesto hombre, que debe rondar mi edad, ha entrado aquí, y al ver que no había sitio, he decidido dejarle sentarse en mi mesa. Hemos empezado a hablar, y me ha dicho que se llama Alejandro. A medida que vamos conversando, me doy cuenta de que es un hombre sumamente interesante, totalmente distinto a los demás. Está intentando convencerme de que no me vaya, y yo, que empiezo a sentir mariposas en el estómago ante su presencia, estoy comenzando a reconsiderar la idea.


***

Mi nombre es Alejandro, vivo en Madrid, y he decidido salir a dar un paseo, a pesar de que las calles están cubiertas de nieve y ya es de noche. Ahora ha empezado a nevar, y busco un refugio para entrar en calor. He decidido entrar en un café, pero no hay sitio, aunque una amable dama me ha dejado sentarme con ella. Veo que es una chica joven, y que está planeando viajar a algún sitio, porque lleva una maleta. Parece ser que está huyendo de algo, y parece ser que he acertado. Se ve que tiene poca experiencia en la vida, y que ha tomado la decisión en un momento de enfado. Todos hemos hecho cosas así, y nunca salen bien. Estoy intentando convencerla de que se quede, pues a parte de considerar que está haciendo una locura, me está empezando a gustar mucho. Su esbelta silueta, la forma en que se sonroja, su sonrisa, su mirada inocente, hacen que mi corazón se desboque. Ojalá pueda convencerla para que se quede, y así poder intentar ser yo quien ocupe su corazón.

Una escena que abra el apetito:

Alejandro volvió a mirarla con detenimiento. Tenía una cara hermosa, un bonito cuerpo, era inteligente e interesante, así que no entendía porque no había atraído la atención de ningún pretendiente que estuviera a su altura.
—¿Y qué busca usted en un hombre?
Victoria le miró directamente, aunque enseguida agachó la mirada. Se sentía algo cohibida ante su mirada oscura y penetrante. Ella tenía claro lo que buscaba desde hace muchos años.
—Alguien que me comprenda, que me valore, que me escuche, que tenga en cuenta mis opiniones. Que intente entender mi carácter rebelde. Alguien con quien hablar de cualquier cosa, que apoye mis inquietudes y mis sueños, y que al mismo tiempo sea honesto. 
—Interesante. —dijo Alejandro sin dejar de observarla. Estaba notando como sus mejillas se sonrojaban, y eso le daba un aspecto inocente y dulce que la hacía aún más atractiva.
—Creo que no pido tanto. —concluyó ella.
—Usted debe exigir lo que quiera. Lo que pide no me parece inalcanzable, pero tampoco será fácil, más en estos tiempos. Pero no pide la luna. —sentenció él. 
Ella le miró de reojo. Sabía que no debía, pero sentía curiosidad.
—¿Y usted? ¿Qué busca en una mujer?
Él volvió a mirarla.
—Alguien que me quiera, que me respete, que sea capaz de pensar por sí misma, sin miedo al qué dirán. Que sea buena, responsable y generosa, y que tenga curiosidad por saber. 
—¿Y respecto a la belleza?
—La belleza no es importante. Además, es algo subjetivo. Lo que a mí me guste no tiene por qué ser lo establecido. No tengo preferencias.
—Eso dice todo el mundo, pero luego no es verdad. 
—¿Alguna vez ha tenido algún problema respecto a eso?
—Sí. Siempre se ha criticado mi forma de vestir, mi forma de andar, y la forma de mi rostro. Soy imperfecta a los ojos de los demás.
Él la miró de nuevo con intensidad, seguro de lo que iba a decir en ese momento:
—Pues será que me gusta la imperfección.



Desde LecturAdictiva damos las gracias a Andrea Muñoz Majarrez por la presentación.




domingo, 21 de enero de 2018

El rincón del escritor: Chloe Santana nos presenta No eres mi tipo


No eres mi tipo es una novela tierna y alocada sobre el amor, los estereotipos y las segundas oportunidades. Descubre de la mano de Chloe Santana que el amor llega cuando menos te los esperas y prepárate para reír a carcajadas.

¿Y si te dijeran que el hombre perfecto es alguien a quien no soportas?

Querido diario:

Esta soy yo. Torpe, bocazas y experta en meterme en líos. Mi psicóloga dice que hay que tomarse la vida con humor, pero sinceramente no le veo la gracia a que mi novio de toda la vida me haya dejado por otra. O a que mis padres vayan a divorciarse después de treinta años juntos. ¿El mundo se ha vuelto loco? ¿Es que ya nadie cree en el amor? Pero, hey, no pienses que mi vida es tan mala. Tengo un gato llamado Apolo, escribo en mis ratos libres y acabo de encontrar un empleo como secretaria del señor míster Simpatía. Lo de míster Simpatía es ironía, por supuesto, porque mi jefe es un tipo serio, frío y me da a mí que un poco amargado. ¡Y está como un queso! Cada vez que no repara en mi existencia -la mayor parte del tiempo-, me quedo observándolo con cara de placer. ¿El único problema? Además de tener novia, me mira como si yo fuese el bicho más raro del planeta.
¡Qué se le va a hacer! De ilusión también se vive...
Me llamo Ana, tengo veinticinco años y soy una pringada. Esta es mi historia.

Ficha del libro






Los personajes nos hablan de la novela:

Me llamo Ángel Ferrer, tengo treinta y tres años y soy el director de Martins&Ferrer, una importante multinacional publicitaria. Vivo en Sevilla, y estoy buscando una secretaria que no me saque de mis casillas. ¿Tan difícil es? Los que me conocen dirán que soy un estirado, un antipático o un borde. Bueno, supongo que tendrán razón. Pero, ¿de verdad es tan complicado encontrar una secretaría que no me ponga de los nervios? Si estoy rodeado de ineptos no es culpa mía. ¿O acaso pretenden que tolera la ineficacia de los demás? Señor, dame paciencia...


Ana es… especial. Un completo desastre. Aunque reconozco que me divierte bastante, por eso la contraté. Es inoportuna, despistada y me mira como si fuese a comérmela. No es nada del otro mundo, y tiene un pésimo sentido de la moda. Aunque reconozco que tiene una boquita de lo más apetecible, y un no sé qué que me descoloca. Pero vamos, que no es mi tipo. Para nada. De hecho, me pone de los nervios. Y por cierto, estaba tan desesperada que mintió como una bellaca en su entrevista de trabajo. ¿Te lo puedes creer? La muy sinvergüenza creía que podía tomarme el pelo, ¡a mí!  Es adorablemente torpe, y creo que acabaré despidiéndola. Mientras tanto, ¿por qué no divertirme con ella?


  • Él nos cuenta una anécdota o un momento destacable con ella.



Uf, me cuesta decidirme por uno, porque Ana es un no parar. Y no lo digo en el buen sentido, ¡No! es un completo desastre. Como aquel día que se cayó encima de mí mientras yo me echaba la siesta en el sofá del despacho. Estaba muerto de cansancio, y cuando abrí los ojos, a punto de que me diera un infarto, por cierto, Ana estaba sentada en mi regazo con cara de querer morirse. Reconozco que tiene un culo aceptable. Pero, repito, ¡no es mi tipo!


***

Me llamo Ana María de la Rosa, Ana a secas, como me conoce todo el mundo. Tengo veinticinco años, vivo con mi egocéntrica compañera de piso, mi gatito Apolo y un gremlin de ocho años (su hermana) que no para de meterme en líos. Y soy una pringada, así, sin más. Mi novio acaba de dejarme por otra, me he quedado en el paro y mi psicóloga cree que soy un caso perdido. 


¡Buenas noticias! Ahora trabajo para el Señor Ferrer, alias El ogro. Y el mote no se lo puse yo, que conste. Pero he de admitir que es un borde desagradable. Me da que está muy amargado (a saber por qué). Reconozco que está buenísimo, con ese aire a Tom Hiddleston que se gasta y esos ojazos azules que tiene. Pero claro, luego lo conoces y pierde todo su encanto. Que si Ana, tráeme un café. Que si Ana, no haces nada bien. Le gusta ladrar, jamás da las gracias y en la oficina nadie lo soporta (te puedes imaginar cómo es). Además, su novia es una petarda insoportable que, por supuesto, está a su altura. Peeeeero… reconozco que está como un queso. No obstante, y lo vuelvo a repetir para que quede claro: ¡no es mi tipo!


  • La  protagonista  nos cuenta alguna situación vivida con él.

Definitivamente, mi entrevista con el Señor Ferrer. Porque cuando una está desesperada por encontrar trabajo, miente un poquito en su currículum. Bueno, vale, quizá se me haya ido de las manos. Pero creo que él no me ha pillado. Por cierto, que está buenísimo. ¡Y es tremendamente antipático! Qué lástima...

Una escena para abrir el apetito:

Aquel hombre no era un ogro, era un dios del Olimpo. Llevaba el cabello pelirrojo y rizado bien peinado, aunque se le escapaban algunos mechones rebeldes hacia los lados. Sus ojos, azules y glaciales, eran el mayor atractivo de un rostro que no carecía de ellos. Mentón recto, boca ancha y sensual y pómulos marcados. Las ojeras le conferían un aspecto de protagonista de cuento gótico, como sacado de uno de Edgar Allan Poe. Soy muy soñadora, no puedo evitarlo.

No sé por qué, pero sus manos me intrigaron hasta un extremo absurdo. Sus puños cerrados se apoyaban contra la madera, revelando cierta tensión en un hombre que emanaba mucha autoridad.

 —¿Por qué le interesa trabajar en Martins&Ferrer, señorita De la Rosa? —preguntó mirándome a los ojos con aquella expresión azul y helada. 

—Porque estoy en paro —respondí, y me quedé tan ancha.

El señor Ferrer enarcó una ceja. Entonces apretó la mandíbula y no supe si estaba cabreado o decidiendo si yo era una imbécil.

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Chloe Santana por la presentación.





domingo, 14 de enero de 2018

El rincón del escritor: Abril Camino nos Te quise como si fuera posible

Lennon lleva dos años sin pisar Nueva York. Se marchó a Europa con el corazón roto y la convicción de que jamás volvería a la ciudad en la que un día creyó que todo era posible. Incluso su amor por Daniel. 
El mundo de Daniel ha dejado de girar. Acaba de perder a su hermano mayor y hace dos años que no sabe nada de su mejor amigo. Sabe que debe encontrar su camino para salir adelante, pero los dos pilares de su vida han desaparecido, y las fuerzas le fallan. 
Un regreso, una llamada, el reencuentro de dos amigos que nunca dejaron de serlo y la amenaza de que un sentimiento enterrado bajo dos años de dolor renazca para complicar las vidas de sus protagonistas. 
Aunque algunas complicaciones pueden ser, a veces, lo mejor que nos ha ocurrido jamás.






Ficha del libro





Lennon nos habla de Daniel
Conocí a Daniel cuando éramos dos monos que no levantábamos dos palmos del suelo, y me enamoré de él sin darme cuenta siquiera; en cuanto entendí qué era eso de enamorarse, querer a alguien, desearlo… nunca hubo espacio para alguien que no fuera Daniel. Pero Daniel no era gay. Eso me repetí durante años para obligarme a seguir con mi vida sin perseguir un imposible… hasta que llegó el verano que lo cambió todo. Me cambió a mí, lo cambió a él. Nos cambió hasta tal punto que he estado dos años sin verlo. Hasta ahora. Ahora… he vuelto a Nueva York.

***

Daniel nos habla de Lennon
Siempre fuimos tres. Los tres mejores amigos del mundo. Bobby, mi hermano; Lennon, nuestro vecino; y yo. Tres lados de un triángulo que siempre fue tan sólido que servía para mantenerme en pie en cualquier circunstancia. Ahora, mi hermano, mi héroe, mi referente, la persona que me lo enseñó todo… se ha ido. Y Lennon lleva dos años sin aparecer por Nueva York. Nuestro triángulo está tan roto como yo mismo, y ni siquiera sé ni por dónde empezar a reconstruir la arista que me corresponde.




Una escena para abrir el apetito:

—No entiendo lo que me está pasando. —La voz rota de Daniel hizo que se le olvidara el enfado. Eso era. Incomprensión. Dudas. Miedo. Él había tenido la suerte de saltarse esa fase. En su casa, la homosexualidad siempre había sido algo natural. Se había criado rodeado de los amigos de su madre, entre los cuales era tan normal ver a una pareja formada por personas del mismo sexo como de opuestos. Cuando él había descubierto que lo que le gustaban eran los chicos… ni siquiera se había planteado que algo estuviera mal. Pero no era tan ajeno a la realidad como para no saber que su caso era aún algo excepcional.
—No hay nada que entender, Dan —le susurró a su amigo. Odiaba verlo sufrir y habría dado cualquier cosa por encontrar las palabras de consuelo adecuadas.
—¿Cómo no va a haberlo? Llevo seis días dándole tantas vueltas a la cabeza que me sorprende que no se me haya desenroscado del cuello.
—Vamos a olvidar por un momento que estoy muy cabreado contigo, ¿vale? —Le sonrió, y Daniel le respondió con un asentimiento lleno de gratitud—. Deja que te dé un consejo. A veces, no hay que esforzarse tanto por entender las cosas o por buscar las causas. A veces… solo hay que pensar en qué es lo que queremos.

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Abril Camino por la presentación.




domingo, 17 de diciembre de 2017

El rincón del escritor: Nesa Costas nos presenta La broma


La sangre ya estaba seca. Salpicaba sus vaqueros y su jersey con un siniestro estampado… La ley de utilidad ciudadana pretende acercar dos mundos muy diferentes a través de una gran asociación benéfica. Elisa y su hermano se unen por imposición. Mateo y su hermana por necesidad.
Tras las buenas intenciones, se oculta el verdadero peligro. Cuando Elisa deja de fingir ser lo que no es, empezarán los problemas para Mateo. No podrá librarse de ella, aunque ambos sepan que es la única forma de mantenerla a salvo.
La atracción entre ellos desencadenará los sucesos, y los primeros en verse afectados serán sus hermanos.
Un estudio sociológico. La búsqueda de la droga perfecta. El riesgo que supone salirse del papel establecido.

O detienen la amenaza, o todos serán arrastrados al olvido.





Ficha del libro



Los personajes nos hablan de la novela:

Mateo:
La vida en el barrio siempre ha sido dura, y sucia. La nueva asociación benéfica no iba a cambiar eso, como tampoco lo haría la estúpida ley de utilidad ciudadana. Yo sabía dónde iba la caja, pero quería ver mejor a una de las voluntarias. Qué sorpresa cuando ella me vio a mí. Fue un flechazo, os lo juro. Al menos por parte de Elisa. Por la mía… No quería, y hacía bien, porque la tía acabó convirtiéndose en mi peor pesadilla.

Tuve parte de culpa, no estuvo bien acorralarla en aquella sala, pero mi hermana no debería haber sufrido las consecuencias. Fueron a por ella, el novio de Elisa y sus amigos engañaron a Rebeca. Cuando se fueron, creí que todo había terminado. Además, volvían a detenerme, y me tocaba hacer mi trabajo.

Pero regresé, igual que Elisa. Igual que Nacho. Ahora sí que no quería a Elisa allí, pero porque supe desde el primer momento que se pondría en peligro. Si su empeño por salvar a su hermano la había llevado a cometer allanamiento, no quería ni pensar hasta donde llegaría por proteger a los chicos a los que daba clase.

Elisa no iba a mirar hacia otra parte. Yo no podía protegerla. Entre tantos frentes, ignoré por completo el estudio que llevaban a cabo con nosotros, hasta que los resultados me arrastraron como al resto.


***

Elisa:
Desde el primer momento en el que puse un pie en la asociación benéfica quise irme. Mateo tuvo mucho que ver, pero no era lo único inquietante. No me gustaba la nueva ley, ni la gente, ni que mi hermano Alonso se encontrase en un lugar en el que las drogas estaban al alcance de la mano. Pero si mis padres no estaban preocupados, yo tampoco debería. Hice cuanto pude por mantenerme en mi papel, por ignorar que estoy en este mundo de prestado, y que mi hermano es un maldito yonqui. De tanto mirar sin ver, no vi el daño que le supondría a Rebeca.

Yo la encontré en el baño, y gracias a eso está viva. No espero que nadie me felicite, porque bien podría haber actuado antes y evitar el desastre. Sin embargo, no pensaba retirarme. Ella era lo único que podía mantener a Alonso lejos de las drogas. Les gustase o no a los demás, iba a salir algo bueno de todo eso.

Por eso regresé a la asociación, y empecé a implicarme con los chicos. Mateo también regresó, y con él su empeño por alejarme. Me intimidaba, me atraía como nadie, pero no pensaba dejar que ganase esta batalla. Me enamoré como una idiota, sobre todo porque podía ver mucho más de lo que él mostraba a simple vista.

Para cuando llegó Nacho, mi determinación no flaqueó lo más mínimo. Lo que me supusiera a mí me daba absolutamente igual. Iba a dolerme, podría terminar muerta, y Mateo estaba en contra. Lo aceptaba todo, y, cuando asumí que me venía grande, fue demasiado tarde para retirarme. Lo que no sabía era que lo peor estaba por llegar, y que, una vez más, yo tendría parte de culpa en el desastre.

Una escena para abrir el apetito:

Elisa estaba sentada en una mesa, justo como la primera vez. Mateo no iba con intención de tontear con ella, pero no por falta de ganas. Desde el primer momento le pareció guapa. Cuanto más descubría sobre ella, más le atraía. Si se acercaba iba a cagarla. Se apoyó en el marco de la puerta, y la observó un rato antes de hacerse notar.

—Al final lo conseguiste.

La vio levantar la cabeza, y bajarse de la mesa de un salto. A Mateo se le escapó una risa. Al parecer, ella también esperaba que se le acercase, porque se puso todavía más nerviosa al ver que no hacía amago de moverse. A Mateo le estaba costando. Lo incitaba con esa mirada cauta y el rubor en las mejillas.

—No sé de qué me hablas —murmuró esquiva. 

Mateo pronunció su sonrisa ante su ceño fruncido.

—Ya lo creo que sí. Estamos peligrosamente cerca de ser familia.

Elisa asintió. Sus ojos claros se volvieron suspicaces.

—Te veo entusiasmado. ¿Ya le has partido la cara... otra vez?

Mateo también asintió. Había algo que no terminaba de encajar. Lo estaba evaluando, y no le hacía la menor gracia.

—Anoche. Tras la emoción de saber que va a vivir en mi casa. 

La vio hacer un esfuerzo por no reírse. Se preguntó cómo llevaría ella la reacción pésima de sus padres. No perdía nada por preguntar.

—Al parecer, no soy el único feliz por la pareja. Tus padres se lo han tomado de maravilla.
El tema de la familia cambio su actitud por completo. Bajaba la mirada, pero ahí seguían la rabia y el empecinamiento.

—Sí, ya.

Elisa le dio la espalda para recoger sus papeles. No estaba tranquila. Y él tampoco. Deberían dejar las cosas claras entre ellos, pero solo parecía haber un camino. Mejor no tomarlo.

—¿Vamos a comer juntos los domingos?

Le pareció que se reía. 

—Seguro que sí. 

—¿Vas a quedarte? No veo con qué vas a entretenerte ahora.

Mateo estudió su cuerpo. Los vaqueros le sentaban de maravilla. El jersey gris se amoldaba a su cintura. No estaba cómoda, pero casi podría jurar que la tensión no tenía nada que ver con él. La mala sensación se agudizó. Le estaba ocultando algo. Un grito a su espalda lo hizo apartarse de la puerta. 


Desde LecturAdictiva damos las gracias a Nesa Costas por la presentación.