Sofía: ¡No sé cómo lo hace Andreas, pero ya me ha vuelto a liar en una de sus alocadas ideas! Que sí, que me gusta viajar, además, me gusta lucir mis preciosos vestidos de alta costura, pero una cosa es disfrutar de un crucero por los Fiordos Noruegos normal y corriente y, otra bien distinta, es hacerlo en un crucero temático para Singles, o lo que es lo mismo solteros… Me da grima solo de ver lo que hacen algunos para llamar la atención de los otros pasajeros, pero como soy buena amiga, me callo e intento dejarme llevar. Aunque, para mi disgusto, me toque lidiar con un melenas, un poco estrafalario, que parece que no tiene otro entretenimiento que fastidiarme el viaje…
***
Zack: Me encanta salir de fiesta, bailar y divertirme con mis colegas. Soy una de esas personas que creen que la vida se debe vivir segundo a segundo, intensamente. Y eso es lo que estaba haciendo en el crucero que me embarqué con mis amigos, hasta que de repente, una mujer snob, estirada y un poco prepotente se me cruzó por delante. Cuando la vi me pareció absurda su manera de ser, pero a medida que iba hablando con ella (me pareció que sacarle de quicio era una manera entretenida de pasar esos días en alta mar), comencé a ver en su mirada algo que no encajaba con la imagen que ella se esmeraba en dar a los demás. ¿Y si esa bruja escondía algo que mereciera la pena?
—¿A
bordo se celebra la gala de los Oscar? —oyó decir Sofía. Se volvió y vio a Zack
sonriéndole, mientras observaba su deslumbrante y caro vestido.
—¿Y
tú adónde vas, a una fiesta de disfraces? —preguntó ella de malas maneras
descargando su frustración con él.
Zack
se miró la ropa y comenzó a reír a carcajadas. Llevaba un pantalón pirata con
un estampado de cebra, una camiseta de media manga en color negro y morado y
unas zapatillas de lona con unas letras impresas en los laterales.
—Cuando
me disfrazo soy más original —dijo entre risas.
—No
lo pongo en duda —contestó Sofía con cara de pocos amigos.
—Tú
lo tendrás más fácil —dijo entonces Zack, metiéndose las manos en los bolsillos
de los pantalones.
—¿Qué
tengo más fácil? —preguntó inquieta.
—Disfrazarte,
por supuesto. Ya tienes el carácter de una bruja solitaria y antipática; sólo
te falta coger una escoba, ponerte una verruga en la nariz y, ¡chica!,
clavadita —soltó sonriendo.
—Mira,
si el muchacho además de tener un gusto pésimo para la moda, también sabe hacer
bromas —gruñó ella, mirándolo con aversión.
—¿Lo
ves? Soy un partidazo, nena —contestó Zack, señalándose con las manos y
guiñando un ojo.
Desde LecturAdictiva damos las gracias a Loles López por la presentación.