domingo, 11 de junio de 2017

El rincón del escritor: Laura Esparza nos presenta ¡Piratas!

La señorita Nightingale solo tiene un deseo: ser dueña de su propio destino. Y evitar a toda costa el matrimonio. Y ver por última vez al hombre que durante años ha alentado su espíritu rebelde. Si para lograrlo debe avergonzar a su ilustre padre y participar en un arriesgado plan para liberar a un hombre a punto de ser ahorcado, valdrá la pena.
El capitán Blackhawk solo tiene un objetivo: saldar la deuda que contrajo hace años. Y recuperar el control de su vida. Y formar parte de la alianza que se ha forjado para robar el mayor cargamento de oro que haya salido jamás de la Indias. Si para conseguirlo debe secuestrar a la hija del gobernador de Jamaica, no le importará pagar el precio.
Pero en las turquesas y legendarias aguas del mar Caribe, donde los piratas reinan a bordo de navíos extraordinarios, una mujer hambrienta de aventura y un hombre sediento de libertad descubrirán que el destino les tiene reservadas grandes sorpresas. Y que, a veces, las grandes historias de amor son aquellas que dan comienzo con un sencillo: «Érase una vez…».

Ficha del libro



Una historia para conocer a los protagonistas:

—Érase una vez…
—¿«Érase una vez…»? Abuelito, te he dicho que quería una de piratas, no un cuento para niños.
—Oh, perdone usted, anciana señora, pero debería saber que las mejores historias siempre dan comienzo de esa forma.
—¿Quién lo dice?
—Pues yo. El adulto que te está cuidando y que va a contarte una inolvidable aventura llena de bucaneros y tesoros y romance…
—¿Romance? Nada de besuqueo, abuelito. ¡Quiero acción! Persecuciones y batallas navales y luchas de espada y…
—Eres igualita que tu madre. Descuida, también habrá de eso, porque el relato de la indómita Wilhelmina Nightingale te va a…
—¿De quién? ¿Wilhel-… qué? ¡No! Yo quiero un protagonista misterioso, lleno de secretos y oscuro como las profundidades marinas. ¡Y con un parche en el ojo izquierdo!
—Acabas de describir a nuestro héroe: el indescifrable capitán Blackhawk.
—Por fin algo que me interesa, abuelito.
—Pero su partenaire es la señorita Nightingale…
—¿Qué significa «partenaire»?
—Compañera. En este caso, la mujer que le planta cara a nuestro sombrío personaje masculino. Una muchacha hambrienta de aventuras y deseosa de forjar su propio destino. Con una voluntad de hierro y un espíritu rebelde capaces de hechizar incluso al más legendario de los piratas.
—Seguro que hay besuqueo.
—Puede que un poco. Pero en las grandes narraciones siempre lo hay, porque el amor es la mayor fuerza del mundo entero. Lo entenderás cuando seas mayor.
—Lo dudo mucho.
—Te recordaré esta conversación cuando vengas a casa con tu primer novio.
—Buaj.
—Bueno, tápate bien y deja las onomatopeyas de disgusto para dentro de cuatro horas, que es cuando te vuelve a tocar ese repugnante jarabe para la tos. Y ahora, ¿lista para escuchar mi historia de piratas?
—Lista.
—Que dé comienzo la aventura entonces. Érase una vez…


Una escena para abrir el apetito:

—Salid de aquí —le exigió.
—Me parece que necesitáis que os recuerde que este es mi barco y vos, mi prisionera. El que da las órdenes soy yo.
Por toda respuesta, ella le lanzó la almohada a la que se había estado aferrando como un salvavidas.
Él la alcanzó al vuelo y le devolvió una sonrisa diabólica.
—¿Esta rabieta es porque no deseo que volváis a besarme?
—Me importan un comino vuestros deseos, capitán —aseguró mientras se incorporaba hasta quedar sentada—. Pero, solo para que conste, vos me habéis besado a mí, y no al revés.
—Vos lo habéis iniciado.
—¡Y vos lo habéis empeorado todo!
—¡Porque os habéis entregado a ello con gran descaro!
—¿Descaro? ¡Ja! Lo único que he hecho ha sido rozar mis labios con los vuestros. ¡Por accidente! Mi intención era hundiros bajo el agua, no incitaros para que pudierais aprovecharos de mí.
—¿Aprovecharme? ¡Ja! Os habéis restregado contra mí como una gata en celo. Si no os hubiera detenido, me pregunto hasta dónde me habríais dejado llegar.
—¿Entonces la culpa es mía? —estalló, soliviantada—. ¡Yo os he ofendido! ¡Yo os he abordado con mis grandes artes de seducción! Sin embargo, habéis sido vos quien ha introducido su lengua en mi boca. Así que no os hagáis la víctima.
Y la sorpresa había sido mayúscula al sentir esa caricia, porque ella jamás había imaginado un beso como el que había compartido con aquel hombre, ni tampoco que entre dos personas pudiera llegar a existir semejante grado de intimidad.
—Encantadora forma de expresarlo.
—Intento utilizar un vocabulario que podáis comprender con facilidad.
Su solitaria pupila brilló de exasperación.
—Os devolveré el favor. No volváis a tocarme —ordenó con un tono glacial—. No os acerquéis a mí. Nada de juegos ni bromas ni ardides. Mantened vuestros labios y vuestro cuerpo alejados de los míos, porque, si volvéis a poneros a mi alcance, tendréis que asumir las consecuencias. —Se agachó, de tal manera que los ojos de ambos quedaron a la misma altura—. Y la próxima vez no me detendré hasta obtener de vos una satisfacción completa. ¿Ha quedado claro?
Wilhelmina apenas si podía pensar, atravesada por esa mirada. Pero su naturaleza rebelde se impuso, como hacía siempre.
—Cristalino —respondió, mordaz.



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