domingo, 7 de febrero de 2016

El rincón del escritor: Ditar de Luna presenta La maldición de los Luján

¿Os podéis imaginar? «La Maldición de los Luján» es mi primera novela y tengo la suerte de que fue elegida finalista en el II Premio Titania. ¡Vamos, un sueño hecho realidad! En la editorial la han definido como «una novela de misterio, precisa y llena de sensualidad». 
Yo he disfrutado de lo lindo escribiéndola, pero ahora el reto es que a las lectoras os llegue al corazón la historia y la forma de contarla, que para mí es la clave, pero también lo más difícil. Espero que os guste este tipo de romance gótico actualizado. ¡Cruzaré los dedos! 

La novela comienza en un pueblo de Granada en 1898. En plena ceremonia nupcial, una vieja harapienta irrumpe en la iglesia acusando al novio de haber consentido que su familia matase a su nieta. En un acto macabro le maldice a él y a toda su descendencia hasta el día en el que un Luján despose a una mujer de su sangre y la convierta en la legítima Marquesa de Mondéjar. 
A partir de ahí, nos venimos a la actualidad, a nuestros días. ¿Creéis en maldiciones? Sara McCarthy, una mujer racional y controladora que ha dedicado su vida a la lucha contra el cáncer, no lo hacía. Ahora tendrá que enfrentarse a una si quiere alcanzar su objetivo, aquel por el que ha renunciado a todo desde siempre. 
«La Maldición de los Luján» nos transportará a escenarios llenos de encanto creados para el romanticismo, desde Estambul a Granada, pasando por seductoras islas del Mediterráneo. Nos hará soñar con lujos prohibidos y leyendas olvidadas, pero sobre todo, hará que nos replantearnos qué es real y qué no lo es. 
¿Por qué tan solo el color de sus ojos diferencia el rostro de Sara del de la mujer del cuadro que lleva en la familia Luján desde el siglo XIX? 
¿Quién se anima a averiguarlo?

Ficha del libro



Los personajes nos hablan de la novela:

Hola, mi nombre es Sara McCarthy, tengo 28 años y, aunque mi apellido os despiste, soy de Madrid. ¡Vale, lo reconozco, también soy un poco friki! Trabajo en una empresa de biotecnología dedicada a la investigación oncológica y le dedico cada segundo de mi vida. Últimamente, las cosas han cambiado. El futuro con el que soñaba se ha roto en mil pedazos y ahora necesito escapar por unos días de todo lo que me rodea. Necesito encontrar las fuerzas para continuar.  Perdonad si no os atiendo como es debido, pero es que como no me dé prisa voy a perder mi vuelo y os aseguro que me he ganado a pulso estas vacaciones por el Mediterráneo. ¡Ya ni me acuerdo de la última vez que me tomé unos días de descanso! Y para colmo me acabo de topar con un tipo de lo más extraño. Al principio he pensado que podía ser un futbolista importante o alguno de estos famosillos que salen en las revistas del corazón, porque todas las mujeres se le quedaban mirando. Pero luego me he dado cuenta de que tiene que estar mal de la cabeza, porque se me ha tirado encima preguntándome «¿Quién eres tú?» como si estuviese mirando a un fantasma. ¡Menos mal que no voy a volver a verle en mi vida!


***


Encantado de conoceros. Espero que sepáis disculpar que no me presente, pero no debéis saber nada de mí hasta que Sara no me descubra. No, ni siquiera mi nombre. Tan solo puedo deciros que nunca pude imaginar que conocería en persona a alguien con el rostro de Sara. Y no es porque se parezca a las mujeres que pintaba Julio Romero de Torres en sus cuadros, sino porque es igual  a la de un retrato que lleva en mi familia desde hace generaciones. Cinco años antes de que cayera sobre nosotros la maldición. ¿Será ella la que consiga vencerla o también sucumbirá como las demás «usurpadoras»? La gente del pueblo dice que, por nuestra forma de ser, los hombres Luján somos ángeles o demonios. Sara tendrá que averiguar a cuál de ellos pertenezco yo. Y vosotras, ¿queréis conocerme?


Una escena que abra el apetito:


—Perdona, creo que estas monedas son tuyas.
El «muchas gracias» que tenía pensado pronunciar murió en sus labios, dando paso a un silencio comprometido. Se encontró de frente con el hombre que había sido el foco de atención de todas las mujeres, incluida ella. Ni se fijó en las monedas que él mostraba en su mano, solo en la amistosa sonrisa que le brindaba y en sus ojos, de un azul tan claro que parecían desafiar al negro azabache de su cabello.
«De cerca impresiona más», pensó mientras le hacía un rápido chequeo a sus facciones, «pero no debe de ser modelo porque tiene la nariz demasiado grande… A lo mejor es uno de esos famosillos que salen en las revistas del corazón».
Pero no pudo seguir analizándole.
En cuestión de un segundo, el desconocido borró la sonrisa de su rostro, abrió de golpe los ojos y la intensidad de su mirada la atravesó como si fuera un certero arpón. Por su cabeza pasó la imagen del pequeño ratoncillo que es hipnotizado instantes antes de ser devorado por la cobra. Por puro instinto de supervivencia dio un paso hacia atrás, pero el hombre se lo impidió atrapándola por la cintura.
Sara se quedó petrificada.
Aquel tipo acababa de capturarla y sus intenciones no tenían pinta de ser nada buenas. Sin embargo, no fue su brazo de acero lo que la mantuvo cautiva. Ni siquiera su intimidante cuerpo pegado al suyo. Fueron sus ojos, dos peligrosos volcanes de iridiscente fuego azul, dos piras ardientes y hechizantes por igual. Su mirada la amarró con cuerdas invisibles y la mantuvo indefensa, mientras sus labios se aproximaban peligrosamente a los de ella.
Su mente le decía que debía empujarlo o, por lo menos, gritar pidiendo ayuda, pero su sentido común había caído prisionero del aroma masculino: azahar, vainilla y miel, con un toque de aterciopelado almizcle suave.
Entonces, él susurró con voz profunda, emocionada, casi etérea:
—¿Quién eres tú?
Aquellas palabras fueron como un despertador para Sara. La liberaron del momento irreal que acababa de vivir y le hicieron recuperar la cordura. Comprendió que solo una persona trastornada se comportaría de aquel modo delante de tanta gente y retomó el control de su cuerpo. Estaba en peligro, aquel desequilibrado podría agredirla en cualquier momento. Intentó mantener la calma, parecer tranquila. Si se ponía a gritar pidiendo auxilio, a saber lo que ese hombre le haría, era demasiado fuerte.
Por eso, haciendo acopio de todo su valor, comenzó a hablarle en un tono relajado, amigable, como si tuviese delante a un niño pequeño:
—Mi nombre es Sara… De verdad, ha sido un placer conocerte y me encantaría quedarme un rato a charlar contigo, pero te voy a pedir que me sueltes. Tengo que coger un avión si quiero empezar mis vacaciones. Lo entiendes, ¿verdad?
Y entonces él volvió a sonreír.
—Sara, el placer ha sido mío —pronunció, mientras la liberaba rápidamente de su abrazo—. Yo soy Alejandro.
Por arte de magia, el perturbado se había esfumado y en su lugar había reaparecido el tipo encantador que la había ayudado. Sin embargo, parecía nervioso cuando depositó en la mano de Sara las monedas que aún guardaba. Ella las aprisionó con fuerza. Él no la soltó.
—Te pido mil disculpas por mi comportamiento —titubeó, antes de continuar con una extraña emoción en sus palabras—, pero te juro que es la primera vez que hablo con una mujer con un rostro como el tuyo.
Después, girándole suavemente la mano, se la llevó a los labios, dejando su huella en la delicada piel que se estremeció ante aquel extraño beso de despedida.

Sin decir nada más, se marchó.

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Ditar de Luna por la presentación.

3 comentarios:

  1. Me ha encantado la entrevista y sobre todo conocer un poquito más de los personajes, me ha dejado con ganas de adentrarme en este misterio , felicidades

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  2. Esperando la segunda parte desde hace tiempo. :D

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